“FAST CAR” (Tracy Chapman)

Pocas veces se puede contar tan bien una historia desde lo musical, o pocas veces queda tan bien reflejado. Lo mas impactante de esta canción es quizá su simpleza, sobre todo si uno la ve en las distintas interpretaciones que Chapman fue haciendo en recitales a través de los años. Por ejemplo en Wembley en 1988, ella se enfrenta sola a un estadio repleto de gente, ella, su voz y su guitarra. Los vuelve locos… Un talento como pocos, y una gran canción. “Fast Car” por Tracy Chapman.

You got a fast car
I want a ticket to anywhere
Maybe we make a deal
Maybe together we can get somewhere
Any place is better
Starting from zero got nothing to lose
Maybe we’ll make something
Me myself I got nothing to prove

You got a fast car
I got a plan to get us out of here
I been working at the convenience store
Managed to save just a little bit of money
Won’t have to drive too far
Just ‘cross the border and into the city
You and I can both get jobs
And finally see what it means to be living

See my old man’s got a problem
He live with the bottle that’s the way it is
He says his body’s too old for working
His body’s too young to look like his
My mama went off and left him
She wanted more from life than he could give
I said somebody’s got to take care of him
So I quit school and that’s what I did

You got a fast car
Is it fast enough so we can fly away?
We gotta make a decision
Leave tonight or live and die this way

So remember when we were driving driving in your car
Speed so fast I felt like I was drunk
City lights lay out before us
And your arm felt nice wrapped ‘round my shoulder
And I had a feeling that I belonged
I had a feeling I could be someone, be someone, be someone

You got a fast car
We go cruising, entertain ourselves
You still ain’t got a job
And I work in a market as a checkout girl
I know things will get better
You’ll find work and I’ll get promoted
We’ll move out of the shelter
Buy a bigger house and live in the suburbs

So remember when we were driving driving in your car
Speed so fast I felt like I was drunk
City lights lay out before us
And your arm felt nice wrapped ‘round my shoulder
And I had a feeling that I belonged
I had a feeling I could be someone, be someone, be someone

You got a fast car
I got a job that pays all our bills
You stay out drinking late at the bar
See more of your friends than you do of your kids
I’d always hoped for better
Thought maybe together you and me find it
I got no plans I ain’t going nowhere
So take your fast car and keep on driving

So remember when we were driving driving in your car
Speed so fast I felt like I was drunk
City lights lay out before us
And your arm felt nice wrapped ‘round my shoulder
And I had a feeling that I belonged
I had a feeling I could be someone, be someone, be someone

You got a fast car
Is it fast enough so you can fly away?
You gotta make a decision
Leave tonight or live and die this way

R E A (Titanomaquia)

Saturno (Cronos para los romanos) devorando a un hijo, por Francisco de Goya

Ya era el quinto hijo que Crono se tragaba, y Rea no podía permitir que esto siguiera así. Estaba dispuesta a salvar a su sexto hijo, el pequeño Zeus. Crono conocía su destino, Urano y Gea ya le habían avisado, así como el destrono a su padre, sería su estirpe la que lo destronaría a él, y el destino es irrevocable, sobre todo para los dioses. Crono resolvió esto fácilmente, cada vez que su hermana y compañera Rea diera a luz un hijo suyo, este se lo tragaría, evitando así el destino que le estaba ya escrito.

La decisión de Rea no fue fácil, pero esta término odiando a Crono por su maldad, al fin y al cabo, era a sus hijos a quienes estaba devorando. Rea se escondió en la isla de Creta y fue allí donde dio a luz a Zeus. Lo importante ahora era hacer creer a Crono que estaba devorando a su hijo, para que este pudiera vivir en paz. Rea envolvió unas rocas en un pañal y se las dio de comer a su compañero Crono, líder de todos los dioses, haciéndole creer que era a Zeus a quien se comía. Crono no desconfió, ni siquiera se fijó si efectivamente su mujer le daba de comer el fruto de su pasión y además Rea fingió una verdadera tristeza que ayudo a tapar la farsa.

Zeus creció. No queda claro si fue criado por Gea, por Cinosura, por Melisa y por qué no, por todas ellas. La relación con su padre no podía quedar así, además, Zeus tenía que salvar a sus hermanos, que seguían en el estómago de Crono, probablemente ya como adultos. Crono no reconoció a Zeus, su hijo, pero este si a su padre. Abrió su estómago y saco de allí a sus hermanos: Hestia, Hera, Hades, Démeter y Poseidón, además de las piedras que lo reemplazaron aquella vez y que le sirvieron a Pitón como aviso a los mortales.

La derrota de los Titanes

Este conflicto dio lugar a la guerra llamada Titanomaquia. En esta guerra, Zeus junto a sus hermanos liberados toman por asalto a Crono y los titanes, y cumplen así con la profecía de Gea y Urano, por más que Crono haya querido evitarlo, fue su descendencia la que lo encerró en el Tártaro junto a los demás titanes, tomando así su lugar. Lo mismo que él había hecho con Urano, su padre, es lo que sus hijos hacían ahora con el… y esto sería así siempre.

Luego de esta guerra empezaría el reinado de la Triada, Zeus, Hades y Poseidón. Zeus gobernaría el Olimpo, Hades el inframundo y Poseidón los océanos, cada uno le imprimiría a su reinado sus reglas. La decisión de Rea, un simple acto materno dio lugar a una guerra, la guerra dio lugar a un mundo, el mundo dio lugar a mas guerras… y así…

EL FRUTO DE JADE (histeria colectiva)

Por David E. Radosta

Ya hacia rato que venia escuchando sobre este supuesto “fruto” o como le quieran llamar. En algún momento lo escuche en la televisión, esas excentricidades a las que nos tienen acostumbrados los famosos. Las modelos fueron las primeras en usarlo, destacaban todo el tiempo sus propiedades, la forma en la que reducía las arrugas y la vitalidad que les hacia sentir. Supuestamente era un producto que venia desde las profundidades de oriente, China mas precisamente. Nunca le preste demasiada atención, ya que nunca se la presto a lo que ocurre en televisión, pero de a poco fue pasando a ser algo que excedía el banal mundo de la moda.

La gota que rebalso el vaso se dio el lunes pasado en el trabajo. No soy de acoplarme a las modas del momento, en general si muchas personas consumen algo, lo ignoro, ya sean libros, películas, ropa, etc. Pero esto ya se estaba yendo de las manos. Trabajo en una empresa de seguros, sector administrativo -si, de esas oficinas con cubículos que uno cree haber visto en las películas nomas- y en general las charlas de café y cigarrillo son bastante aburridas, nunca me sumo a estas. Sebastian, el mas joven del sector, trajo por primera vez la novedad, el “fruto de Jade”. Lo había probado y se sentía muy bien, no paraba de contar como lo revitalizo, en su pareja, en sus deportes, en su trabajo, en otras palabras le cambio la vida, así que no dudo en recomendarlo. Día a día, desde ese día, aparecía algún compañero agradeciéndole por guiarlo a este fruto que revitalizaba incluso al mas dormido o dejado de todos. Cada vez me sentía mas afuera de un grupo al que no me interesaba pertenecer, hasta que ese maldito lunes llego la pregunta, la maldita y típica pregunta de recepcionista: “¿Como?¿No lo probaste?”. Y toda la oficina mirándome como si fuera un ser grotesco al cual era necesario exterminar por hereje, por blasfemo, básicamente por idiota.

Era el fin, no me quedaba otra que probar de una vez ese maldito y misterioso fruto que venia ignorando desde hace tiempo. Por lo que había averiguado no era fácil de conseguir, pero este chico, Sebastian, me había facilitado un contacto en el barrio chino de Belgrano, era solo cuestión de ir. La mujer que lo vendía se llamaba “Xing Ping Yu”, pero le dicen Mai. Ese mismo Lunes salí del trabajo a las 16, como todos los días, llegue con el subte C a Retiro y me subí al tren Mitre que hace el recorrido Tigre-Retiro. No lo podía creer, en el tren también escuche al menos a seis personas hablando de este maldito fruto misterioso con propiedades milagrosas. Ahora la intriga me estaba matando.

El tren llegó a Barrancas de Belgrano en horario por suerte y apenas baje al anden ya podía ver la entrada del barrio chino, es inconfundible. La dirección era Arribeños 2357, a unas cuadras de la entrada, adentro de una galería. Mientras recorría las cuadras que me faltaban, me sentía un agente secreto, yendo en busca del contacto que me daría el preciado objeto que debía cuidar. Incluso era un poco emocionante. Pero no podía evitar preguntarme ¿Que tendrá este mágico fruto?¿que es?. Era la hora de saberlo.

El local era el 18, bien al fondo, el ultimo de toda la galería. Cuando estaba por entrar me paran dos chinos en la puerta, bastante morrudos y prepotentes, que me preguntaron a donde voy. Les contesté sin vueltas, “al local 18, a ver a Mai”, se miraron entre ellos y me re preguntaron “¿quien te mando?”. La cosa se puso un poco turbia y en verdad no sabia si revelar la identidad de quien me paso el contacto. Pero rápidamente reflexione, y me di cuenta que Sebastian no me caia muy bien, así que: “Sebastian Iñaga, de Protesur”. El mas grandote asintió con la cabeza, me dijo que espere y se dirigió a un pequeño portero eléctrico que había en la pared. Lo único que le entendí fue “Mai”, pero todo lo demás que dijo fue como si lo dijera en Chino… En efecto, era Chino. Se escucho del otro lado una respuesta Breve, con voz de mujer -supongo que era ella- y el chino del portero me dijo “Pasa”, señalándome la escalera que iba al local.

Había llegado al fin al local pero no me quedaba claro que vendía. Había desde estatuas de pequeños budas, hasta sahumerios y dientes de serpientes. No podían faltar las ramitas de bambú chocando entre ellas para avisar la entrada de un cliente, creo que eso me lo veía venir. En eso se asomó por atrás del mostrador ella, Mai, una señora ya entradita en años, con un bastón en forma de dragón y ropa típica china, con diseños floreados y muy coloridos. “¿Vos sos amigo de Sebi también? ya me mando como a treinta” dijo ella, le sonreí y le dije que si. Solamente me importaba el fruto, no estaba ahí para charlar. La señora saco de una caja de madera, con adornos de animales grabados y me pregunto “¿Conoces la historia del fruto?”. Le contesté que no la conocia, y eso fue suficiente como para que empiece a contármela. Creo que si le hubiera dicho que si, me la hubiera contado igual.

La historia es así, este fruto es originario del antiguo Egipto, del tercer milenio de antes de Cristo. Se viene cultivando desde allí. Se dice que en su interior está el elemento fundamental de la vida, en cantidades inmensas. Tiene propiedades eméticas, es decir, puede sacar del cuerpo todo mal, cualquiera que este sea. Llego a China durante el reinado del Rey amarillo, mejor conocido como Huangdi, dios de la montaña Kunlun. Por su forma, los chinos creen -mejor dicho, están seguros- de que estos frutos son en verdad verdaderos huevos de dragón y de ahí todas sus cualidades.

Por fin, la mujer termino su historia y abrió la caja, al fin lo tendría entre mis manos! El preciado fruto del que todos hablan! Me llamo un poco la atención el precio en verdad, unos $25, pero en fin. Ya era mio!

Era hermoso, un verde brillante como el mismo jade. De verdad parecía un huevo, pero no creía que lo fuera, y mucho menos de Dragón. Tenia mas bien la forma de un melón. Cuando uno lo abría podía percibir un olor familiar, y el interior, verde también, jugoso y con semillas, como un melón… Idéntico a un melón.

Era un melón, todo esto por un melón…

 

“Dedicated to all the Lonely People…” (Eleanor Rigby)

El 6 de junio de 1966 se terminaba de grabar en los estudios EMI (Se llamarian Abbey Road Studios recién en 1970) una de las canciones que revolucionaria la historia del Rock para siempre, Eleanor Rigby. ¿Por que tanta revolución al rededor de un tema que dura apenas dos minutos? por que fue parte de un álbum que  cambio la forma de entender y de componer en el Rock de manera rotunda.

Los míticos Estudios ubicados en la Cale Abbey Road

La esquina que fue tapa del álbum Abbey Road

La canción fue principalmente escrita por Paul McCartney y es el segundo tema del disco Revolver de 1966. Este álbum fue en principio una nueva etapa en la carrera del grupo y sentó un precedente en el rock en general. La música se basa en un doble cuarteto de cuerdas orquestales, idea atribuida a George Martin.

Hasta ese entonces el Rock tenia una estructura mas bien simple, incluso el rock de los Beattles, pero al sumergirse en un estudio para gravar Revolver, el grupo pudo experimentar con nuevos sonidos, nuevas formas de componer y conseguir un sonido bastante novedoso para la época. Podríamos decir que este álbum es realmente el álbum mas original de la historia del Rock… Podríamos…

La canción es un himno a la soledad, dedicado a toda la gente solitaria del mundo. Y McCartney se pregunta, ¿De donde viene toda esa gente solitaria? ¿de donde salió? y ¿ a donde pertenecen? (“All the lonely people, Where do they all come from? , All the lonely people , Where do they all belong?“) Quien no a pensado alguna vez que está solo?, mas allá de que lo esté o no… y creo que no hay peor miedo, que el miedo a la soledad.

Cuando se le pregunto a su autor por el nombre usado en la canción este dijo que el nombre de Eleanor salio de Eleanor Bron, actriz que había actuado en la película Help!. En tanto al “Rigby”, era simplemente el nombre de un almacén en Bristol. Esto no es lo curioso, lo curioso en realidad es que podría haber una fuente de inspiración inconsciente para el nombre, y que Eleanor pudo realmente haber existido, sin que McCartney lo supiera.

En los años 80, algún fanático o quien sabe, encontró en el cementerio del patio de la iglesia St. Peter una tumba con un epitafio particular. En el grabado se leía el nombre de Eleanor Rigby, muerta el 10 de octubre de 1939 a la edad de 44 años.

La tumba en el patio de la iglesia St. Peter

Esta es la entrada de la iglesia donde se encuentra la tumba de Eleanor Rigby.

Este patio en particular, el de la iglesia, era frecuentado por McCartney y Lenon, sin embargo, el autor de la canción asegura que si recibió la inspiración de esta tumba fue de manera inconsciente. Es posible que incluso este lugar fuera donde Lenon y McCartney se conocieron por primera vez.

La tumba se ha convertido en un lugar de culto para todo fanático de los Beattles que pase por ahi, mas allá de que Eleanor haya tenido influencia o no en la canción. Incluso existe una escultura dedicada a los Beattles, puntualmente a la canción “Eleanor Rigby” hecha por el escultor Tommy Stelle. La obra esta ubicada por la calle Stanley, en Liverpool, y representa de manera perfecta la canción, la soledad de Eleanor. En la placa se puede leer “Dedicated to all the lonely people“…

Si algún día alguien que este leyendo esto va a Londres, tómese un segundo. Visite a Eleanor y siéntese a su lado, al menos un minuto. Pudo haber muerto sola, en un funeral al que nadie asistió (“Eleanor Rigby died in the church and was buried along with her name,  
Nobody came“) pero gracias a un joven inquieto nunca mas estará sola. Lastima que ella no se entere…

EL PAREDÓN Y LA LLUVIA (Crónica de un fusilado)

Por David E. Radosta

Pensar que en Wiedenborstel movía mas de cincuenta bolsas de trigo por día. Hoy, en Auschwitz, apenas puedo mover los pies. La lluvia está cada vez mas fuerte.  El pelotón de fusilamiento prepara las armas temprano, acostumbran a hacer estas cosas bien temprano. Se ve que es una ocasión importante, por que hasta Höss se acercó al lugar, cosa que no ocurre muy seguido y menos con está lluvia. La tanda de hoy es grande, al menos ciento veinte personas, por eso la planificación es esencial. Los Alemanes son muy meticulosos para estas cosas, anotan todo y tienen una tranquilidad que solo produce mas nervios.

Ellos creen que no sabemos lo que nos espera, pero todos lo saben, solo que para algunos es mejor que seguir en este condenado lugar un día mas. Para mi no. Para mi cualquier muerte es mala, pero si tengo que elegir, prefiero esto y no las duchas, eh visto como quedan las paredes marcadas por las uñas después de los baños cuando nos hacen retirar los cuerpos ya sin vida de nuestros compañeros. Eso si es una muerte horrible, pero no se compara a la muerte por hambre o la gangrena. En la enfermería los muertos te miran. La gente muere con los ojos abiertos y sus cuerpos quedan muy duros como para moverlos.

Hacen pasar al primer grupo, son unas veinte personas. Los forman en una linea. Ya ni siquiera parecen personas. Son sacos de huesos, completamente desnudos que apenas se pueden sostener en pie. Creo que puedo ver alivio en la cara de algunos. El encargado de la fila va cantando los numero tatuados mientras pasan y otro de menor rango los anota. Dan la orden de marchar y el grupo se pierde por la esquina de la barraca en la que estamos. Van hacia la calle principal, la que da al paredón para fusilamientos, cuyas paredes están protegidas de las balas, para que no reboten.

El paredón de fusilamiento en Auschwitz hoy en memoria de los fusilados allí.

Recuerdo cuando era chico y hacíamos viajes en auto con lluvia desde Wiedenborstel a Hamburgo. Serian unos sesenta kilómetros, pero con lluvia parecían mil. Para pasar el tiempo solíamos jugar un juego con mi hermana, cada vez que un rayo iluminaba el cielo, contábamos el tiempo que pasaba hasta que suene el estruendo del relámpago. La sensación es similar. Cada vez que veo que un grupo dobla por esa esquina, cuento los segundos hasta escuchar el estruendo producido por las descargas de los rifles del pelotón.

Los alemanes vuelven, es el turno de mi grupo. No se si es la inercia, el miedo o que, pero sigo cada una de las ordenes que nos dan sin pensar. Nadie opone resistencia, no tendríamos como hacerlo. ¿Y si intentara escapar? me matarían, seguramente. Pero, van a hacerlo de todos modos!… quizá prefiero una bala a los perros. Formamos la fila, anotan los números como siempre y caminamos abajo de la lluvia. Ahora el que se pierde en la esquina soy yo. ¿Tendré la misma expresión que veía en los grupos anteriores? ¿que cara tendré?. Me gustaría saberlo, pero probablemente no reconozca ni mi propia cara en el espejo.

La caminata es lenta, y la lluvia es cada vez peor. Llegamos al paredón y todavía están sacando los cuerpos de los grupos anteriores. La organización es perfecta, cada soldado tiene su tarea. Unos limpian, otros preparan las armas, otros se encargan de poner a cada uno de los condenados en su lugar y hasta uno se encarga de sacar fotos, dios sabe para que. Y ahí estoy yo, parado frente a esos soldados, preparados para matarme sin dudar.

La sensación es rara, se lo que va a pasar, pero no importa. Pienso en mi familia por ultima vez, ¿estarán bien? ¿donde los tendrán?. PREPAREN!… El compañero a mi lado no puede dejar de llorar. Otros no dicen absolutamente nada. Y yo pienso… creo que nunca aprecié tanto una simple lluvia como hoy. En el grupo no lo veo a Otto, el viejo Frank. Espero que encuentre bien a su hija, se lo veía preocupado. APUNTEN!… Hamburgo! cuanto hace que no voy… ¿Seguirá estando la pastelería donde hacían  esas roscas con aniz que tanto le gustaban al tío Erich?… Nunca conocí a su hijo, tendría que pasar algún día. Tal vez el próximo verano si termina la guerra. Espero que todavía tenga esa… FUEGO!…

Entrada al campo de concentración. En la leyenda se lee “El trabajo libera”.

 

 

 

SU PRIMERA FINAL…

A mis amigos, Fede, Mati, Nahue y Darío (que ademas es mi hermano)

por estar ahí en uno de los momentos mas emocionantes 

de mi vida.

Su primera final

No puedo mas, te juro que no puedo mas“, dijo Fede mientras calentaba el agua para el mate mientras esperaban que comience la final del mundial de fútbol 2014, su primera final. Bizcochitos de grasa y mate, es todo lo que hay para estos cinco amigos y no necesitan nada mas.  Mientras algunos preparan exuberantes picadas para sacarles fotos y colgarlas en las redes sociales diciendo “Esperando la final… nervios”, ellos no, ellos se aíslan. Es un momento intimo. No están ahí ni por la comida, ni por el ritual, ni para que los vean. Están ahí por el fútbol y nada mas. Están golpeados, agotados. Fue un mes muy duro. Desde que el seleccionado Argentino arranco con su primer partido de octavos contra Suiza que no paraban de sufrir. Vienen siguiendo al equipo desde la instancia de clasificación al mundial, y saben que hoy van a sufrir mas que nunca.

Ubican el televisor en posición, apuntando a los sillones del living. Faltan algunos minutos para empezar. “Tu remera Panchito“, le dice Fede a Pancho, quien no puede parar de recorrer el pasillo que va del living al baño. No le gusta que lo vean nervioso. Es la misma remera que viene usando desde la fase de grupo, todos los partidos. En su casa nunca fueron muy futboleros, el recién conoció la pasión por el fútbol de grande, con amigos, por eso nunca tuvo una remera de la selección, de su selección, pero hoy si. Y por eso también para él, el fútbol representa eso, la amistad. Se empiezan a ubicar, buscando la posición mas cómoda, e inconscientemente la que les deje el mejor espacio por si se tienen que levantar a putear, o salir corriendo a romperse la garganta por algún gol. El living está compuesto por tres sillones, pero ellos ocupan solo uno, el que esta mas cerca de la tele. Es de esos sillones para una persona, pero Mati y Pancho se sientan como pueden mientras los otros tres miran parados, apoyados en el respaldo. Se reparten algunos mates mas, un poco lavados ya. Se ríen entre ellos haciendo algún chiste en alusión a la terrible derrota del plantel brasilero ante Alemania por una diferencia de 7 a 1, y siguen esperando. Sin embargo nada les afloja los nervios. “A Nosotros no nos pasa, eso seguro. Acordate“, afirma el Bebo y se termina el mate haciendo ruido de que no hay mas agua.

Los cuartos de final


El partido de cuartos había sido una tortura. Bélgica no parecía el rival que terminó siendo. El resultado ajustadísimo, 1-0. Un pase cortado por uno de los defensas se la deja picando al nueve en la puerta del área, este reacciona rapidísimo y mete un derechazo certero que termina en el angulo inferior del palo derecho. Todo sucede en un segundo y lo gritan como nunca. La sequía se había terminado. “Una flecha” es todo lo que alcanza a decir el relator, y se emociona junto con estos pibes que se sienten un paso mas cerca del sueño.

Están listos

Ahí están esos cinco amigos, la primera vez que ven una final, y encima la ven juntos. Fede se acordó que tenia unos chocolates guardados y los aporto a la causa. El equipo estaba reconociendo el campo de juego, algunos piques, unos pases cortos, unos tiros al arco, lo normal para este tipo de situaciones. Nahuel no confía en nuestro arquero, y no se cansa de decirlo, a pesar de todas las lagrimas que este le regalo la fecha anterior, en la semifinal. Una ronda mas de mates y el equipo ya se forma para salir por la manga que da a la cancha. Nadie sonríe, se saludan amablemente con el rival, pero están serios. Los cinco amigos están igual. Se ríen del apellido de algún alemán para distender pero están nerviosos.  Acá se define todo, lo saben, y no llegaron hasta acá por nada.

La semifinal


Este partido fue un punto de quiebre en todo sentido. Holanda, rival histórico de la Argentina no perdonó. Hubo chances todo el partido, pero el gol nunca llego. Pasaron noventa, pasaron treinta mas y nada, a penales. Los temidos penales. Ellos odian el azar de los penales, nada les parece mas injusto que perder en esta instancia. Incluso casi que las victorias por penales ni las cuentan, pero en este caso era distinto.  Así es el fútbol. Matias no es el tipo mas demostrativo, tiene que tener una costilla fisurada para recién pensar en quejarse, pero ese día apretó la mano de Pancho con una fuerza increíble, lo mismo hizo el.

Empiezan los penales, patea Holanda primero. A colocar, abajo a la izquierda, y el arquero la saca! ataja el primer penal… No pueden mas de la emoción. Se escuchan los gritos de los vecinos. Patea después el capitán del equipo, el numero diez. Certero, preciso… conciso. un golazo. Segundo penal de Holanda, silencio absoluto. La pelota va al palo derecho, el arquero se tira perfecto, pero al otro palo… Insultos. Patea nuevamente la Argentina, bombazo al medio. El aquero rival parece tener mas intenciones de esquivar ese bombazo, que de atajarlo. El marcador, 2 a 1. Los nervios son cada vez peores. Pancho se pone de cuclillas para mirarlo, no puede mas, pero en ningún momento suelta la mano de su amigo. Patea Holanda nuevamente. La pelota al palo izquierdo, pero bien lejos del medio. De donde saco fuerza ese arquero para tamaño salto ni el lo sabe, pero en un salto casi acrobático, despeja la pelota con los dos puños, bien cerrados. Griterío total. Cada vez mas cerca. Patea la Argentina de nuevo, Cortito y abajo, otro golazo. 3 a 1 y contando. Otro penal mas, otro gol del rival, 3 a 2 la cuenta. Y hasta acá llegan, acá se define. Ni pensar en que esto siguiera, era ahora o nunca. A la final. Patea “la fiera“, no por nada le dicen así. Fuerte y al medio, como corresponde. La pelota pega en las manos del arquero, pero la potencia le permite seguir. rebota con el travesaño y adentro… “Gooooooooool” grita un relator emocionado, “jugamos la final del mundo carajo!!! gritalooooooo“. Se les cumple el sueño. El autor del gol, corre y se abraza con el arquero, que esa noche se convirtió en el héroe de estos pibes, hasta de Nahue, que no le tenia fe. Se abrazan juntos, lloran. Corren a la calle a gritar, a desahogarse y no lo pueden creer. Fue la primera vez que se veían llorar entre ellos, y eso que se conocen hace rato.

4 años mas

Dejan de lado todo, el mate y la comida. “Vamoooos!“, es todo lo que pueden decir cuando los equipos salen a la cancha. y se forman para interpretar los respectivos himnos. Ellos no lo cantan, no relacionan la patria con el fútbol y esto es fútbol. De todos modos se emocionan. Suena el silbato y arranca la final del mundo, la primera que ellos ven. Los cinco miran callados, no saben que puede pasar, pero son felices solamente por estar ahí, viéndolo. Esta vez no se los contó nadie, esta vez no lo están viendo por Internet en algún video viejo ni están escuchando a alguien mayor contarles como lo festejo, como lo disfruto. Esta vez les toca a ellos.

Quieren ganar con todo el corazón, costo mucho llegar ahí. Van a sufrir, y lo saben, es el precio de jugar la final. Querían vivirlo, saber lo que se siente. Lo disfrutan pase lo que pase porque por mas que ganen o pierdan, están ahí. No quieren esperar 4 años mas…

GRACIAS MUCHACHOS…

 

“Si no causan escándalo las malas palabras, el idioma se empobrece…”.

Si no causan escándalo las malas palabras, el idioma se empobrece…“.  Así se refiere Dolina a la discusión que tuviera alguna vez con “el negro” Fontanarrosa (Q.E.P.D). Cierta vez Roberto Fontanarrosa hizo una ponencia sobra las malas palabras, y este decía que no veía el por que del mal trato hacia estas, no entendía su prohibición y las ponía como parte importante del lenguaje. “¿Por qué son malas las palabras? ¿Les pegan a las otras? ¿Son malas porque son de mala calidad?”, se preguntó el  humorista rosarino en dicha ponencia, allá por el año 2004. Sin embargo, Dolina esta a favor de esta prohibición, por que para el es lo que le da el efecto que tienen. Para él, “No es tan inocente una mala palabra como parece“. Esta claro que son parte de nuestro lenguaje, pero no es algo que se repita en la totalidad de la región. Podríamos decir que el abuso de las malas palabras es propio del lenguaje castellano argentino.


“Las malas palabras tal como las escuchamos ahora no son una liberación, si no que son una pulsión destructora…”. Alejandro Dolina.


También se dice que el idioma es vulgar. No sé quién define lo que es vulgar o no. Tampoco sé cuál es el origen de las malas palabras.”  Roberto Fontanarrosa.

Estos dos videos son las ponencias en cuestión. El primero es la ponencia sobre malas palabras en el congreso de la lengua en 2004. El segundo es lo que dice Dolina al respecto. Invito al lector a verlos y después pensar para uno mismo… ¿Como habla usted? ¿Putea mucho?¿De que forma lo hace?…

 

 

El Español tiene sus particularidades, y ya que estamos con el tema del humor, una canción que lo deja en evidencia, no tiene que ver con las malas palabras, pero muestra las diferencias regionales:

Este es también un diccionario libre en el que figuran varias de las malas palabras de la región, de todo latinoamerica: http://diccionariolibre.com/definition.php?word=malas+palabras

EL COLECTIVERO, Concepto y Objeto.

Autor: David Radosta

Tenés de todo, desde el colectivero que te recibe con un “buenos días”, hasta el que se enoja porque tu comodidad y tu dedito de mierda lo hicieron tener que acercarse a la parada. Está claro, el colectivero te odia, y vos lo odias a él. Esto queda evidenciado cuando alguno tiene un gesto amable y usted lo comenta con sus semejantes como si fuera una anomalía en el sistema, una falla en la Matrix o el final del capitalismo. Hay que admitir algunas cosas.

Muchos de estos colectiveros tienen cualidades casi místicas para manejar su vehículo. Le pasan tan fino a autos estacionados, tendidos eléctricos o árboles que se les crucen que más de un pasajero frunce los dientes, pero nada pasa, ni un rayón. Cualquiera maneja una moto, un auto, pero un bondi, ese pedazo de tranvía urbano, resulta un tanto indomable. Una cosa, el colectivero que choca, choca. Lo hace con ganas, cosa de salir en los diarios si es posible. Ningún colectivero hace las cosas a medias.

Pero ¿Cuál será el motivo de su mal humor, de su falta de atención? Algunos dicen que el trabajo agobiante y las horas sentado en esa cabina escuchando bocinazos e insultos es lo que genera el mal estar. Otros se animan a decir que ciertas personas nacen para colectiveros, que su malestar es condición previa para que terminen haciendo ese trabajo. Lo único que se puede decir, es que de todas formas es un oficio noble.

Transportar gente a sus destinos no es para cualquiera, hay que tener la mente realmente abierta. El colectivero por ejemplo no conoce prejuicio alguno. Puede ser el petiso orejudo o su propia madre, que no va a tener problemas en ignorarlo, en pasar de largo esquivándolo si es necesario, total, atrás siempre viene otro colectivero, generalmente dispuesto a lo mismo. Después está el otro, el que para, pero no. No espera a que pongas el segundo pie en el colectivo, con que te asomes a su puerta le alcanza. O si no el que tiene el síndrome de Stephen Hawking, ese que le preguntas cuanto es hasta Villate y Maipú, y te contesta con la maquinita. Te lo marca, sin mirarte, sin hablarte, frio y distante. El colectivero no conoce el cariño.

De todas formas merece una defensa. Cuando un medico hace bien su trabajo es premiado, cuando un actor desempeña bien un papel, incluso cuando lo hace mal, es premiado, es aplaudido. Pero cuando un colectivero agarra una curva con autos estacionados en doble fila sin tocar un espejo, nadie le dice nada.  Él no se acuerda, pero alguna vez estuvo orgulloso de ser colectivero, y no es para menos. Nadie puede sentirse orgulloso de ser banquero, publicista o dentista, pero ser colectivero es cosa seria.

Ellos a veces se enamoran. Se aprenden los horarios de alguna pasajera indiscreta y no solo que a veces la esperan en la parada si ven que no llego a cruzar por el semáforo, si no que hasta son capases de pararle en la puerta de la casa. Él colectivero sabe que nunca recibirá nada a cambio de esto, pero así es la vida del colectivero. Lo peor en si es que esta mujer, querido lector, muchas veces es su pareja, y ella se muestra más agradecida con ese colectivero que con usted que hasta va a comer domingo por medio a lo de sus padres.

Una cuestión. Todo colectivero es absolutamente mediocre para los negocios, y eso se ve en su accionar. Desconoce la premisa básica de “el cliente siempre tiene la razón”, por el contrario, arriba de su colectivo la razón la tiene siempre el. Lo que pase por fuera de esa puerta a pistones neumáticos, no le interesa. Los argumentos no andan en bondi.

Esto no es un ataque a los colectiveros, ni mucho menos una crítica, es solamente una reflexión. Si se encuentra con alguno de estos colectiveros mal humorados no se desespere, mejor aún, acuérdese de ese que un día de lluvia lo dejo subir setenta metros antes de la parada, por que por ese solo, valen la pena todos los demás.

 

EL CACHORRO ASESINADO…


Ernesto “Che” Guevara en “Relatos revolucionarios II“. Obras completas, Ediciones Cepe. (1973)

Para las difíciles condiciones de la Sierra Maestra, era un día de gloria por Agua Revés, uno de los valles más empinados e intrincados en la cuenca del Turquino, seguíamos pacientemente la tropa de Sánchez Mosquera; el empecinado asesino dejaba un rastro de ranchos quemados, de tristeza hosca por toda la región pero su camino lo llevaba necesariamente a subir por uno de los dos o tres puntos de la sierra donde debía atacar Camilo. Podía ser en el firme de la Nevada o en lo que nosotros llamábamos el firme “del cojo”, ahora llamado “del muerto”. Camilo había salido apresuradamente con unos doce hombres, parte de su vanguardia, y ese escaso número debía repartirse en tres lugares diferentes para detener una columna de ciento y pico de soldados. La misión mía era caer por las espaldas de Sánchez Mosquera y cercarlo. Nuestro afán fundamental era el cerco, por eso seguíamos con mucha paciencia y a distancia las tribulaciones de los bohíos que ardían entre las llamas de la retaguardia enemiga; estábamos lejos, pero se oían los gritos de las guardias. No sabíamos cuántos de ellos habría en total. Nuestra columna iba caminando dificultosamente por las laderas, mientras en lo hondo del estrecho valle avanzaba el enemigo.

Todo hubiera estado perfecto si no hubiera sido por la nueva mascota: era un pequeño perrito de caza, de pocas semanas de nacido. A pesar de las reiteradas veces en que Félix lo conminó a volver a nuestro centro de operaciones, ­ una casa donde quedaban los cocineros­, el cachorro siguió detrás de la columna. En esa zona dela Sierra Maestra, cruzar por las laderas resulta sumamente dificultoso por la falta de senderos. Pasamos una difícil “pelúa”, un lugar donde los viejos árboles de la “tumba” ­ -árboles muertos­ estaban tapados por la nueva vegetación que había crecido y el paso se hacía sumamente trabajoso; saltábamos entre troncos y matorrales tratando de no perder el contacto con nuestros huéspedes.

“Hay que endurecerse, pero sin perder la ternura…” (Ernesto Guevara)

La pequeña columna marchaba con el silencio de estos casos, sin que apenas una rama rota quebrara el murmullo habitual del monte. Éste se turbó de pronto por los ladridos desconsolados y nerviosos del perrito. Se había quedado atrás y ladraba desesperadamente llamando a sus amos para que lo ayudaran en el difícil trance. Alguien pasó al animalito y otra vez seguimos; pero cuando estábamos descansando en lo hondo de un arroyo con un vigía atisbando los movimientos de la hueste enemiga, volvió el perro a lanzar sus histéricos aullidos; ya no se conformaba con ladrar, tenía miedo de que lo dejaran y ladraba desesperadamente. Recuerdo mi orden tajante: “Félix ese perro no da un aullido más, tú te encargas de hacerlo. Ahórcalo. No puede volver a ladrar”. Félix me miró con unos ojos que no decían nada. Entre toda la tropa extenuada, como haciendo el centro del círculo, estaban él y el perrito. Con toda lentitud saco una soga, la ciñó al cuello del animalito y empezó a apretarlo. Los cariñosos movimientos de su cola se volvieron convulsos de pronto, para ir poco a poco extinguiéndose al compás de un quejido muy fino que podía burlar el circulo atenazante de la garganta. No sé cuánto tiempo fue, pero a todos nos pareció muy largo el lapso pasado hasta el fin. El cachorro, tras un último movimiento nervioso, dejó de debatirse. Quedó allí, esmirriado, doblada su cabecita sobre las ramas del monte.

Seguimos la marcha sin comentar siquiera el incidente. La tropa de Sánchez Mosquera nos había tomado alguna delantera y poco después se oían unos tiros; rápidamente bajamos la ladera, buscando entre las dificultades del terreno el mejor camino para llegar a la retaguardia; sabíamos que Camilo había actuado. Nos demoró bastante llegar a la última casa antes de la subida; íbamos con muchas precauciones, imaginando a cada momento encontrar al enemigo. El tiroteo había sido nutrido pero no había durado mucho, todos estábamos en tensa expectativa. La última casa estaba abandonada también. Ni rastro de la soldadera. Dos exploradores subieron el firme “del cojo”, y al rato volvían con la noticia: “Arriba había una tumba. La abrimos y encontramos un casquito enterrado”. Traían también los papeles de la víctima hallados en los bolsillos de su camisa. Había habido lucha y una muerte. El muerto era de ellos, pero no sabíamos nada más.

Volvimos desalentados, lentamente. Dos exploraciones mostraban un gran rastro de pasos, para ambos lados del firme dela Maestra, pero nada más. Se hizo lento el regreso, ya por el camino del valle. Llegamos por la noche a una casa, también vacía; era en el caserío de Mar Verde, y allí pudimos descansar. Pronto cocinaron un puerco y algunas yucas y al rato estaba la comida. Alguien cantaba una tonada con una guitarra, pues las casas campesinas se abandonaban de pronto con todos sus enseres dentro.

No sé si sería sentimental la tonada, o si fue la noche, o el cansancio… Lo cierto es que Félix, que comía sentado en el suelo, dejó un hueso. Un perro de la casa vino mansamente y lo cogió. Félix le puso la mano en la cabeza, el perro lo miró, Félix lo miró a su vez y nos cruzamos algo así como una mirada culpable. Quedamos repentinamente en silencio. Entre nosotros hubo una conmoción imperceptible. Junto a todos, con mirada mansa, picaresca con algo de reproche, aunque observándonos a través de otro perro, estaba el cachorro asesinado.

LA CUENTERA, Diana Tarnofky

Diana Tarnofky: Narradora; Técnica nacional en recreación y Tiempo Libre. Especialización docente en Educación por el Arte. Participo en eventos como “Gallinazo”, “Buenos Aires para armar” y “Carnaval de cuentos”. Ademas fue galardonada en 2004 con el premio PREGONERO por “Espejos y Espejismos”.

Por David Radosta

Es habitual leer cuentos, pero no es habitual que a uno se los cuente una cuenta cuentos y menos que lo haga un verdadero especialista. El miércoles 24 de septiembre en Éter, la escuela de Comunicación que dirige Eduardo Aliverti, recibió la visita de una verdadera cuentera, Diana Tarnofky. Los cuenteros son personas que se dedican a narrar relatos escritos por otros (Por lo menos en este caso). Son básicamente narradores que hacen una puesta en escena de algo que esta escrito en una hoja. Pero la puesta en escena no consiste en representarlo, en actuarlo, si no en contarlo.

Por un rato el aula destinada al encuentro  se convirtió en otra cosa. Usando el movimiento de sus manos, el tono de sus voz, la mirada o los silencios, Diana mostró como se puede materializar un relato escrito a través de la narración. Se pudo ver el viento, las luces, los colores escondidos y la ciudad que ella invitaba a caminar.

La simpleza es lo que mas llama la atención. Con tan solo unos pocos elementos construye un mundo de la nada. Un paraguas, la luz tenue y su expresividad son herramientas suficientes para un cuentero. El cuerpo dice mucho, las expresiones corporales están bien marcadas. Ella señala los distintos caminos a seguir, cuando hay que caminar se para de su silla y camina, no duda en hacer un chiste y se emociona casi saltando de su asiento cuando algo la entusiasma. No puede quedarse quieta y le encanta contar historias. Es casi una exposición teatral, pero no es teatro. El uso de las onomatopeyas es un recurso muy usado por Diana, pero aplicados con el tiempo y el volumen justo… así, se puede ver la lluvia, sentir el tic-tac de un reloj o los pasos de quien camina esos barrios, buscando historias.

Historias de barrio, leyendas de barrio, y ella parece conocerlo. Dijó que es de la Paternal, y destacó la importancia de caminar por el barrio, de conocerlo.  La vecina de al lado, Catalina. José, el vendedor ambulante. Cada uno tenia una historia para contar, cada camino llevaba a una historia nueva. La consigna fue caminar, por que según la cuentera, “Cuando caminas te pasan estas cosas, te encontrás una leyenda, una canción…”.

Pero, ¿Cual es la ventaja de que alguien nos cuente un cuento? justamente que cada historia, dependiendo de quien la cuente, se transforma. Diana ofreció un punto de vista, una experiencia sensorial completa. La combinación de ritmo, palabras, sonidos y humor, en una unidad mas compleja. Visitó a Carlo Magno y contó chismes sobre su vida amorosa con la joven Efigenia, gracias a un “anillo encantado” (Relato de Maria Teresa Andruetto). Pasó Cortázar de visita y habló del tiempo, de la responsabilidad de recibir un reloj como regalo. Tambien Contó sobre cierta “sociedad anónima” muy peculiar. Quienes la escuchaban no pudieron evitar pedirle un cuento mas antes de irse, y narró la historia del castillo de aire, donde vive el rey de la nada (“El castillo que se va” de Marina Colasanti).

Diana enseñándonos el funcionamiento del “PUP” (Pequeño universo personal). A través de este, ella capta las historias que nos cuenta… la ventaja es que cualquiera puede usarlo…

Nadie pensó que caminar seria tan emocionante. Que se pudiera despegar estando sentados. Antes de irse, recomendó que escuchemos cuenteros o cuenteras, el que sea, que seguramente será una experiencia interesante para cualquiera, y ademas hay que verlo, no se puede explicar con palabras.

Ese mundo que los cuenteros muestran está en las hojas, y su labor es sacarlo de ahí, darle una nueva dimensión y hacerlo un mundo nuevo desde todos los sentidos… ¿Como lo hacen?, eso es lo que hay que vivir.

Los dibujos que se ven de fondo son de Maria Gil Araujo, colaboradora constante con el trabajo de Diana.